domingo, 20 de septiembre de 2015
miércoles, 16 de septiembre de 2015
TIERRA AGRADECIDA.
Después de un caluroso y largo verano, la lluvia presagia el otoño, el agua riega generosa los campos sedientos de mi tierra. Tierra seca extremeña, siempre mirando al cielo, abierta a la vida, tendida, como hembra en celo, para ser fecundada por una lluvia de esperanza. Tierra paciente, aguardando la puerta abierta del aire fresco y húmedo del otoño.
¡Que bien suenan, tras el postigo de la mañana, las gotas de lluvia al caer sobre la corteza áspera de la dehesa, sobre los sedientos encinares! Olor, siempre nuevo, a tierra mojada. Sensaciones de una nueva estación, llena de vida. La Extremadura del otoño despierta de la siesta calurosa del verano, acariciada por el rumor fresco del agua. Brillan las encinas bajo la blanca luz de septiembre, y las calles del pueblo se hacen espejos de tejas y de cal, de puertas y ventanas.
Día gris, pero lleno de asombros, de ilusiónes, de ánimos; como un nuevo paisaje que reviste los campos de gozo y vida.
Es por ello que esta tierra extremeña, tierra de cerros y piedras, de jaras y retamas, de encinares y olvidos, de sueños y abandonos, de caminos cruzando ausencias y recuerdos, siempre pendiente y dependiente de soles y de lluvias, es tierra y pueblo unidos en una entrañable gratitud a los favores generosos de la naturaleza.
viernes, 11 de septiembre de 2015
EL LENGUAJE DE LAS CAMPANAS
En los pueblos extremeños, donde
el aire tiene espacios amplios y los postigos se abren al azul del cielo; donde
la torre, de piedra y cal, destaca sobre los tejados, como eterno centinela,
testigo impasible de la historia; las campanas tenían su lenguaje especial; y
ahora que en el campanario de Pescueza,
la modernidad pone al día el sonido antiguo del bronce por medio de instalación
electrónica, me vienen a la memoria las formas diferentes de tocar, a fuerza de brazos, las campanas,
según el motivo. Sonidos familiares que durante tantos años formaron parte del paisaje sonoro y
cotidiano de nuestros pueblos. Aquellos distintos toques, que tan bien conocían nuestros
abuelos y que con el paso del tiempo, se han ido perdiendo.
Aquel tañer llamado del concejo,
que tenía como fin reunir a los vecinos
del pueblo para la toma de decisiones, el reparto de pastos comunales o la
ejecución de tareas para el bien común. Aquel toque a rebato cuando había un
incendio, o el de domingos y días de fiestas, volteando las campanas. El
toque de difuntos, espacioso y triste; o a gloria, cuando fallecía un
niño, con el esquilin. El toque a vísperas el día anterior a las fiestas
mayores del pueblo, o aquel, interminable, de ánimas en la vigilia de
difuntos, la noche de 1 al 2 de noviembre, ejecutado, pacientemente, por el sacristán
de la Iglesia, el cual permanecía toda la noche en el campanario, haciendo
sonar, sobre el silencio nocturno del pueblo, el lúgubre y constante eco de aquel lenguaje oscuro y solemne; o el silencio amargo de las campanas durante
los tristes días de la Semana Santa, a la espera del toque a fiesta del Domingo
de Gloria.
Recuerdo, siendo yo monaguillo, las innumerables subidas-por su escalera larga
y serpenteante-al campanario de mi pueblo para tocar a repique,
llamando a los vecinos a misa, o a “doblarlas” en los entierros, o el
esquilín desde la sacristía para llamar al rosario de la tarde.
Hoy, en Pescueza, desde la Plaza
Mayor, se escucha la música de las campanas, con sones peculiares y diferentes,
que le dan a su tañer, a través de actuales programas electrónicos, un aire
nuevo de atractiva modernidad. Sin embargo (es obvio que la edad acentúa la nostalgia) dejadme ahora, por un momento,
describir la melancolía del recuerdo, evocando aquella gozosa algarabía de los
monaguillos subiendo al campanario para repicar, alegres, las campanas; o aquel
olor a castañas asadas y migas mañaneras, que llegaba desde la torre en el
amanecer del día de difuntos.
Todo ello, como tantas otras
cosas, es parte entrañable de la historia de nuestros pueblos.
Ahora ya que las campanas van a sonar en Pescueza pulsando un botón desde la sacristía, sería bonito que estos modernos programas electrónicos recogiesen el estudio y la recuperación de aquel lenguaje antiguo del bronce popular que hace años se escuchó en nuestras queridas aldeas extremeñas.
Ahora ya que las campanas van a sonar en Pescueza pulsando un botón desde la sacristía, sería bonito que estos modernos programas electrónicos recogiesen el estudio y la recuperación de aquel lenguaje antiguo del bronce popular que hace años se escuchó en nuestras queridas aldeas extremeñas.
martes, 1 de septiembre de 2015
IGLESIA Y PUEBLO.
Tradicionalmente, en Pescueza, en el día de Extremadura, siempre se ha celebrado la Eucaristía con los cantos de la Misa Extremeña. Parece ser que este año, no solo no se cantará la Misa Extremeña, sino que no habrá misa; la explicación es que no es un día de precepto y el sacerdote estará de vacaciones. El 8 de septiembre, ademas de ser el dia de la comunidad, es la festividad de la Virgen de Guadalupe, patrona de Extremadura, motivos, creo, mas que suficientes, para que la Iglesia extremeña este cerca del pueblo extremeño. La misa extremeña fue creada y es cantada por el pueblo, con música tradicional, y con letra escrupulosamente adaptada a la liturgía. Si algunos responsable eclesiásticos persisten en cerrar puertas y ventanas al latido del pueblo, y permanecer en un tiempo caduco y en una mentalidad arcáica, las iglesias cada vez estarán mas vacias. Que tomen nota del Papa Francisco.
lunes, 24 de agosto de 2015
LLUVIA SIN CORAZÓN
Hay una magia singular en las noches con lluvia, aunque pensar en el
sufrimiento de los inundados nos devora la poesía… compartida desde la
distancia. Cuando llueve, las tardes se dan prisa en morir y a veces no
tienen suerte porque alguien les asesta una puñalada y aparece un requicio
del ocaso. Nos ilusionamos: ¡Dejó de llover! Y antes que terminamos de la frase, el cielo se cierra otra vez, la lluvia vuelve a
golpearnos la cara, y dibuja espejitos en el asfalto, en los que pueden mirarse y acicalarse los duendes cuando salen a controlar la noche. Pero está el otro lado de las cosas, según del modo que miremos…
El gorrito gris que protege al bebé del frio, la pérdida de todo lo material que fue comprándose con esfuerzo, el rosario que se desliza entre los dedos de una anciana, la hilera de mujeres y hombres esperando la botella de agua potable…..bolsas de polietileno navegando por el río, escapando de una camioneta cargada de mercancias , persistencia denodada de bomberos y la permanente solidaridad de los vecinos.
La lluvia no tiene corazón, tan pronto regala al hombre una buena cosecha como la destruye con un diluvio. Y es el hombre, quien desde hace muchos años olvida la sencilla sabiduría de la naturaleza y no valora los dones recibidos
El gorrito gris que protege al bebé del frio, la pérdida de todo lo material que fue comprándose con esfuerzo, el rosario que se desliza entre los dedos de una anciana, la hilera de mujeres y hombres esperando la botella de agua potable…..bolsas de polietileno navegando por el río, escapando de una camioneta cargada de mercancias , persistencia denodada de bomberos y la permanente solidaridad de los vecinos.
La lluvia no tiene corazón, tan pronto regala al hombre una buena cosecha como la destruye con un diluvio. Y es el hombre, quien desde hace muchos años olvida la sencilla sabiduría de la naturaleza y no valora los dones recibidos
miércoles, 19 de agosto de 2015
EL ESPEJO DEL DESARRAIGO
Cuando el mes de agosto cruza su ecuador, empieza de nuevo, como cada año, la tranquilidad cotidiana en el pueblo. Pasaron días de reencuentros, miradas cómplices y palabras de afectos, momentos de amistad y cercanía. La ausencia se diluye en el saludo, en el abrazo, en tertulias nocturnas de historias y recuerdos.
Aquellos hijos e hijas de este campo entrañable, que obligados por la escasez de unos años de lucha y sacrificio, tuvieron que dejar su pueblo y su gente, como el árbol joven que le arrancan de su tierra natal para plantarlo en suelo ajeno, vuelven en estos días calurosos del estío a reencontrarse con los rincones de su infancia, para ellos, tan llenos de emociones y vivencias perdidas en un recuerdo cada vez mas lejano.
Fueron días de calles llenas de gritos infantiles, teatros de fiestas y costumbres en la mano abierta de la plaza, campanadas de horas amenizando la memoria colectiva de un pueblo.
Pero la Extremadura desarraigada retorna a su ausencia, y poco a poco, casi sin despedidas, el pueblo vuelve a la soledad de costumbre, dejando en las esquinas el eco de un viaje de ida endulzado en la esperanza de la vuelta.
Este es el espejo del desarraigo de una tierra partida en dos por el vació doloroso de los que se fueron, como principes-mendigos, abandonados por los pechos secos de una madre fámelica, y el empeño de los que se quedaron buscando, entre la tierra arida, semillas y esperanzas de futuro.
viernes, 14 de agosto de 2015
UN PUEBLO SOLIDARIO
Cuando el fuego les obligó a abandonar sus
casas, los vecinos de Acebo, Perales y Hoyos, encontraron las puertas abiertas
de un pueblo solidario, Moraleja. Dejaron atrás sus propiedades sin saber qué hallarían
a la vuelta; una situación angustiosa que les hizo estar pendientes de ese hilo
emocional que nos envuelve ante el desconocimiento de lo que nos depara el
destino en un acontecer adverso. Pero la espera fue cálida, afectiva. Sintieron
en la piel de la emoción el calor de su gente, de la gente cercana de su
tierra, y supieron enseguida que no estaban solos. Hoy han vuelto de nuevo a
sus casas, en un entorno triste, pero, a la vez esperanzador; en su memoria
quedará para siempre el recuerdo de unas horas amargas, pero, a la vez, llenas
de atenciones y afectos
La experiencia de la
historia nos demuestra que el pueblo llano, la gente humilde, responde siempre
de forma espontanea y generosa ante la desgracia cercana. En las zonas rurales
de Extremadura, sobre todo en épocas de precariedad económica, eran y son
frecuentes los ejemplos de solidaridad entre vecinos. Quizá por ello, haciendo
honor a los genes solidarios del pueblo extremeño, Moraleja respondió con
generosidad y entrega a la llamada de Cruz Roja y otros colectivos, llenando de
alimentos, agua, camillas, mantas, colchonetas etc. los pabellones habilitados
al efecto.
Es encomiable también el
trabajo, la dedicación y la generosidad de todos los efectivos entregados a la
extinción del incendio, los bomberos, personal, material y vehículos del
cercano país portugués, que acudieron como apoyo importante a los trabajos de
extinción, los voluntarios de Cruz y Roja y Protección Civil, las personas que
por propia iniciativa se decidieron a colaborar en la entrega de alimentos o en
la ayuda organizada de las tareas contra el fuego, etc.
No deja de ser admirable
como el ser humano, en casos de tragedia o necesidad, saca lo mejor de sí mismo,
quizá, en esta ocasión, fue la cercanía, la familiaridad del entorno y de sus
vecinos, el conocimiento próximo de los medios de vida, en peligro, de los
habitantes de las zonas afectadas, dependientes del turismo, del paisaje, de la
flora, de las aguas; en definitiva, de la hermosa naturaleza que nos brinda
esta esplendida sierra del norte extremeño.
Ahora es tiempo para la
esperanza. Ya se están realizando tareas de limpieza de los ríos y del entorno
afectados. Es necesario un plan minucioso de recuperación de la zona,
aprendiendo de los errores y estableciendo medios legales y físicos que
impidan, en todo lo posible los incendios. La máxima ayuda a las personas y los
pueblos afectados, para una pronta recuperación del paisaje y de los medios de
vida.
Los titulares catastrofistas de algunos medios de comunicación, tergiversando la realidad, han podido hacer mucho daño a la economía de esta querida tierra; ejemplo: “Las llamas reducen a cenizas la economía de Sierra de Gata”, El Mundo, 09/08/2015. Nada más lejos de la realidad. No olvidemos que la Sierra de Gata tiene una superficie de 125.400 ha y 21 pueblo El incendio ha afectado a 8.500 ha y a 3 pueblos, por lo que 116.900 ha. Y 18 pueblos no han sido dañados por el fuego. La Sierra de Gata sigue estando llena de atractivos turísticos que es necesario promocionar.
Por sus paisajes, sus
gargantas, sus aguas cristalinas, su fauna, su flora y sobre todo por su gente
buena, amable, generosa, trabajadora, hospitalaria y SOLIDARIA, merece la pena
visitar y disfrutar de esta bella sierra extremeña.
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